Resumen en 30 segundos
- Un estudio de EY sobre más de 250 empresas que operan en Perú concluyó que el factor oportunidad explica alrededor del 80% de los casos de fraude interno. No es gente que planea robar: es gente que encuentra una puerta abierta.
- El mismo estudio encontró que una de cada dos empresas había sido víctima de al menos un fraude, y una de cada cuatro sufría más de cinco eventos al año.
- Las MIPYME son el 99,5% de las empresas formales del país y generan cerca del 85% del empleo privado, según INEI y PRODUCE. Trabajan con márgenes cortos y con controles que dependen de la confianza.
- La ACFE estima que una organización típica pierde alrededor del 5% de sus ingresos anuales por fraude. En un negocio que factura 500.000 soles al mes, eso son 25.000 soles que se van cada mes sin que nadie los eche en falta.
Hay una idea muy extendida entre los dueños de negocio en Lima, Arequipa o Trujillo: que el fraude interno es cosa de gente mala que llega con un plan. Los datos dicen otra cosa. Cuando EY preguntó a más de 250 empresas que operan en el Perú por qué se habían producido los fraudes que sufrieron, la respuesta dominante no fue la codicia ni la necesidad. Fue la oportunidad: procesos donde una sola persona pide, aprueba, recibe y registra, sin que nadie más mire.
Eso cambia por completo la forma de prevenir. Si el problema fuera solo de personas, la solución sería contratar mejor. Pero si el problema es de puertas abiertas, la solución es cerrarlas. Y eso es algo que cualquier empresa mediana, en Perú o en México, Colombia, Chile, Argentina o Venezuela, puede hacer sin convertir su oficina en una comisaría.
En este artículo
- ¿Qué encontró EY en las empresas peruanas?
- ¿Cómo se ve una puerta abierta en una PyME peruana?
- ¿Por qué la confianza no sustituye al control?
- ¿Cuánto dinero está en juego para una empresa mediana?
- ¿Qué preguntas debería hacerse hoy un dueño de negocio en Perú?
- ¿Cómo saber cuántas puertas abiertas tiene tu operación?
- Preguntas frecuentes
¿Qué encontró EY en las empresas peruanas?
El estudio, difundido por medios como Gestión y El Comercio, se levantó entre más de 250 compañías líderes con operaciones en el país. Tres resultados resumen el panorama. Primero, una de cada dos empresas reconoció haber sido víctima de al menos un fraude. Segundo, una de cada cuatro declaró sufrir más de cinco eventos al año, lo que ya no es un accidente sino una rutina. Tercero, al analizar las causas, la oportunidad apareció detrás de aproximadamente el 80% de los casos.
Conviene detenerse en esa palabra. En criminología económica se habla del triángulo del fraude: presión, racionalización y oportunidad. La presión es personal (deudas, una enfermedad, un vicio) y la racionalización también (“me lo deben”, “todos lo hacen”). La empresa no controla ninguna de las dos. La oportunidad, en cambio, es cien por ciento responsabilidad de quien diseña los procesos. Por eso el hallazgo de EY es, en el fondo, una buena noticia: el 80% del problema está del lado que sí puedes cambiar.
¿Cómo se ve una puerta abierta en una PyME peruana?
No suele ser un agujero de seguridad informática. Casi siempre es un proceso humano al que le falta un segundo par de ojos. Algunas de las más comunes que encontramos en negocios de comercio, distribución y servicios: proveedores que facturan un poco por encima del precio pactado y nadie compara contra el contrato; mermas de inventario que se aceptan como parte del negocio sin verificar si el porcentaje tiene sentido para el rubro; horas extra y bonos que se liquidan sin un respaldo de productividad; notas de crédito por devoluciones que nunca llegan a reflejarse como saldo a favor.
Ninguna de esas situaciones parece grave vista de forma aislada. Ese es justamente el punto. Un sobreprecio del 3% en un proveedor no llama la atención. Un 3% en diez proveedores, durante tres años, es una camioneta nueva que salió de la empresa sin que nadie firmara la venta.
En el Perú se suma un factor estructural: la informalidad en parte de la cadena de suministro. Cuando un transportista o un proveedor de insumos no maneja documentación estándar, la trazabilidad se rompe y la empresa formal termina confiando en vales de papel que luego alguien digita a mano. Ahí el error y el fraude se vuelven indistinguibles.
¿Por qué la confianza no sustituye al control?
“Mi almacenero lleva doce años conmigo” es una frase que escuchamos con frecuencia. Y es una frase honesta: la mayoría de las personas que llevan doce años en una empresa son leales. El problema es que la antigüedad también da algo más: conocimiento total del proceso y ausencia total de supervisión, porque nadie revisa al que siempre estuvo ahí. El informe global de la ACFE lo confirma año tras año: la mayoría de quienes cometen fraude no tenía antecedentes y llevaba años en la organización.
La confianza es una condición humana necesaria para trabajar. El control es una condición administrativa necesaria para que esa confianza no se convierta en una carga injusta para la persona de confianza. Cuando existen controles, el empleado honesto queda protegido de sospechas; cuando no existen, cualquier faltante lo señala a él primero. Por eso los controles bien diseñados no son un acto de desconfianza, sino lo contrario.
¿Cuánto dinero está en juego para una empresa mediana?
Las micro, pequeñas y medianas empresas son el 99,5% de las unidades formales del Perú y sostienen alrededor del 85% del empleo del sector privado, según cifras de INEI y del Ministerio de la Producción. Operan, en su mayoría, con márgenes estrechos y sin un área de auditoría interna. Si aplicamos la referencia de la ACFE (pérdidas del orden del 5% de los ingresos por fraude), una empresa que factura 500.000 soles mensuales estaría dejando ir unos 25.000 soles al mes, 300.000 al año.
Con ese monto se renueva una flota pequeña, se abre un segundo punto de venta o se contratan tres perfiles técnicos. Lo que hace tan costosa la fuga no es solo la cifra, sino que nunca aparece en el estado de resultados como una línea llamada fraude. Aparece repartida entre costo de ventas, gastos administrativos y mermas, donde nadie la busca.
Los estados financieros cuadran porque los registros coinciden entre sí. Que cuadren no significa que cada transacción original haya sido legítima. Esa distinción es la que separa la contabilidad del control operativo.
¿Qué preguntas debería hacerse hoy un dueño de negocio en Perú?
Tres, para empezar. ¿Cuándo fue la última vez que alguien comparó las órdenes de despacho contra los registros de GPS o los vales de combustible? ¿Tus proveedores más grandes mantuvieron su precio mientras el mercado bajaba? ¿Quién verifica que la merma de producción coincida con el estándar técnico y no con el promedio histórico que alguien fijó hace años?
Si la respuesta a alguna es “nadie” o “no sé”, ahí hay una oportunidad en el sentido que le da EY. Cerrarla no requiere software costoso: requiere separar funciones (quien pide no aprueba, quien aprueba no paga), fijar umbrales de revisión y cruzar periódicamente datos que hoy se miran por separado. Ya explicamos las señales concretas en nuestro artículo sobre las siete señales de fugas operativas.
¿Cómo saber cuántas puertas abiertas tiene tu operación?
La mayoría de las empresas del estudio de EY descubrió el fraude cuando ya llevaba tiempo ocurriendo. La razón es sencilla: nadie buscaba, porque nadie sabía dónde. Un diagnóstico de fugas operativas hace exactamente eso: toma los datos que la empresa ya tiene (compras, pagos, inventario, nómina, accesos) y los cruza para mostrar dónde el proceso permite que una sola persona actúe sin control.
El diagnóstico dura cuatro semanas, no detiene la operación y termina con un informe de hallazgos y un plan de contención priorizado. Con el Bono de Confianza, ese informe completo es tuyo siempre, con o sin hallazgos. Es la forma más directa de saber si tu empresa está entre la mitad que ya fue víctima o si todavía estás a tiempo.
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Preguntas frecuentes
¿Qué significa que el 80% de los fraudes ocurre por oportunidad?
Que en la gran mayoría de los casos analizados por EY en empresas peruanas el fraude fue posible porque el proceso lo permitía: una persona podía pedir, aprobar y registrar sin supervisión. No hubo un plan sofisticado, sino una falla de control que alguien aprovechó.
¿Cuántas empresas en Perú han sido víctimas de fraude interno?
Según el estudio de EY difundido por Gestión y El Comercio, una de cada dos empresas encuestadas reconoció al menos un caso, y una de cada cuatro reportó más de cinco eventos al año.
¿Esto afecta a las PyMEs o solo a las grandes empresas?
El estudio se hizo en empresas grandes, pero las PyMEs están más expuestas: representan el 99,5% de las unidades formales del país, trabajan con márgenes cortos y rara vez tienen auditoría interna. Las mismas fallas de control se repiten a menor escala.
¿Cuánto puede perder una PyME por fugas operativas?
La ACFE calcula que una organización típica pierde alrededor del 5% de sus ingresos anuales por fraude. Para una empresa que factura 500.000 soles al mes, equivale a unos 300.000 soles al año que no aparecen en ninguna línea del estado de resultados.
¿Cómo se cierra una oportunidad de fraude sin desconfiar del equipo?
Separando funciones, fijando umbrales de revisión y cruzando periódicamente datos que se miran por separado: compras contra contratos, inventario contra ventas, despachos contra GPS. Los controles protegen también al empleado honesto, porque eliminan la sospecha automática cuando aparece un faltante.
Aviso: este artículo es informativo y se basa en datos públicos difundidos por EY, INEI, PRODUCE y la ACFE. Las cifras de ejemplo son ilustrativas. No constituye asesoría legal, contable ni financiera; cada empresa debe evaluar su situación con profesionales calificados.